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Pablo Solari adviene al mundo del arte como Palas Atenea emerge de la cabeza de Zeus, esto es, con todos sus atributos.
Desde que entramos en comunión con las obras de Solari ya era un clásico; no le conocemos etapas intermedias.
Se trata de un arte cuyos antecedentes habrá que buscarlos en Giotto y que culminara en la época renacentista con la Sixtina de Miguel Angel y las estancias de Rafael que terminara para el Papa Medici en el Vaticano.
La primera palabra que acude a la mente es FRESCURA.
Que esa frescura se manifestase en una edad de oro como el Renacimiento itálico obedece a una cierta lógica; lo que sorprende es encontrarse con una manifestación espiritual de esta categoría en clima que parecería ser bastante menos propicio.Lo que demuestra Pablo Solari es que cada personalidad vive su propio clima y que como lo quería Gracian, no se trata de ser hombre de su siglo, sino serlo de todos los siglos.
La limpieza del dibujo, los colores luminosos sin ser estridentes, el manejo diestro de los factores que hacen a la pintura puestos al servicio de composiciones ambiciosas que a veces exceden o se aproximan a la decena de personajes, masculinos, femeninos o infantiles, todo ha sido orquestado con la seguridad y el ritmo precise de un maestro de la batuta que en este caso se llama el pincel o el lápiz.
La temática de Solari lo emparienta a nuestro Berni, temas de resonancia popular, y a través de Berni a los grandes muralistas mexicanos.
La hinchada de fútbol que lleva por titulo "La doce va", los cartoneros bautizados como "Manos de pan", o la "Sala de espera", para dar apenas unos ejemplos nos hacen participes de diversos aspectos de la vida popular dentro de un estado anímico bondadoso y que ha sido sorprendido como le hubiese gustado a los griegos en su dimensión estética que ellos al igual que Solari, no separaban de la ética.
Esa gran composición de los cortadores de caña y sus personajes de nuestro norte, nos hace compartir un clima celebratorio de la existencia humana en aquello que tiene de sagrado, y mas aun, al ser contemplado en su dimensión social reafirmando a Aristoteles en que pertenecemos al genero "zoon politikon".
Nuestra naturaleza se completa en la de los demás y por ello acuden a nuestra memoria los Brueghel y todos aquellos que han hecho referencia al compañerismo entre los seres humanos.
Todo ello ha sido traducido por Pablo Solari a una modernidad incuestionable, la verdadera modernidad que se une a todo lo que esta instalado en el presente de la eternidad.
Con Pablo Solari la Escuela de Buenos Aires se fortalece para recordarle al mundo que desde estas lejanas latitudes tenemos algo que contribuir a la salud física y espiritual de nuestra especie.
Rafael Squirru
critico de arte, Buenos Aires, 2003